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viernes, 19 de marzo de 2010

Póngame más Gayman, por favor.

*Ilustración de Chris Ridell

Recuperándome ando todavía de los últimos días en los que mi futuro laboral y el de mis compañeros dependían de mi trabajo como último eslabón de una gran e inepta cadena. He de seguir, pero gracias al cielo, alguien quiso hacer de este fin de semana un momento aún más largo para reponer energías y perderlas leyendo en la cama, por ejemplo.
Esta mañana tempranito cogí mi ultima adquisición literaria -miento, me la regalaron- y se me han hecho las 2 de la tarde. Y es lo que tiene Gayman, que no puedo dejar de leerlo, a dios gracias.

El Libro del Cementerio, de Roca Editorial, una novela juvenil editada a finales de este año pasado en la que Neil Gayman vuelve a dejar parte de su magia en un buen montón de páginas, esta vez todas llenas de letras, en narrar la historia de Nadie, un bebe que, huyendo del asesino de sus padres, acaba siendo adoptado por los residentes del cementerio que hay junto a su casa. Vamos, Gayman en todo lo suyo.

Con ilustraciones de Chris Ridell en la edición que tengo en mis manos, que incluyen la portada del libro -Dave McKean ilustra la edición americana (ver ilustración inferior), que me parece más acertada que la de Ridell-, este dulce de libro es justo lo que uno necesita para olvidarse de este mundo lleno de crueles y traicioneros vivos y reconfortarse en la paz y la estabilidad que ofrecen los muertos. Lo que viene siendo Gayman haciendo suya una versión macabra de El Libro de la Selva de Kipling.



En cualquier caso una lectura más que recomendable, sencilla y nada compleja, pero no por eso carente de sorpresas ni la constante sensación de extraña incomodidad y desazón ataviadas de naturalidad que tan bien maneja Gayman.

Si he conseguido llamar vuestra atención, ahí van las cincuenta primeras páginas de este relato, por cortesía de la propia editorial.

Y ya, que me veo que me va a dar un jama y me temo que empezaré a cantar canciones de Cindy Lauper como respuesta más lógica a lo que me esta pasando por la cabeza. Prometo ser más comunicativa.

jueves, 11 de febrero de 2010

Bender Bender Rodrigues

Siempre he sido admiradora del trabajo del doblador español. Siempre me ha fascinado su trabajo y soy de los que piensan que contamos con uno de los mejores equipos de dobladores del mundo aunque no siempre estos doblajes sean fieles, mas por inadaptación que por cualquier otra cosa que refunfuñen los puristas. Siempre ando jugando a adivinar a cuantos otros personajes reconozco en esta voz o la otra, siguiendo incluso la "carrera" de algunos actores de doblaje a los que les tengo cariño desde hace años; uno de estos es Lorenzo Beteta.



Miércoles 3 de febrero, 13.30. En los estudios Soundub de Madrid, Lorenzo
Beteta, el actor que dobla al español a Jack, uno de los protagonistas de
Perdidos, pelea con una frase que se le ha atascado. Con un ojo sigue en la
pantalla los labios del personaje, interpretado por Matthew Fox. Con el otro, el
texto en español. Beteta, un reconocido actor de doblaje -también es la voz de
David Duchovny (Expediente X, Californication) o de Robert Sean Leonard
(House)-, hace un quinto intento: "¡No puede ser! No va a llegar a tiempo para
la ceremonia", suelta, ahora sí, de un tirón.

... un poquito mas aquí.

Pd: Os debo tiempo para dedicaros. Aunque soy un año mas vieja no parece que sea mas lista porque no consigo ganar tiempo para nada...

sábado, 30 de enero de 2010

Nueva portada, la misma mier...

Me aburro muy pronto de las cosas, sobre todo si las he "creado" yo.
Sirva este nuevo banner para ilustrar el espíritu intrínseco que destilan mis palabras, las que se dicen y las que no.
Para aquellos que puedan sentirse ofendidos que seguro que alguno se presenta en mi puertacon las vestiduras hechas yesca, reseñaré que dicha imagen no es mía y el original tampoco, que era del amigo Leonardo, el cual no era precisamente el paradigma de un cristiano temeroso del altísimo.
Estoy entrando en un tormentoso proceso creativo, cuando salga os lo haré saber.

lunes, 26 de octubre de 2009

Misterios de un asesinato


No podía dormir. Ultimamente duermo poco. Y cuando lo hago sueño mucho, demasiado. Pero no podía dormir. Por eso me eché al mueble bar pero como dicen que he cambiado, será por eso que no agarré botella alguna sino un pequeño libro que me había encontrado de casualidad esa misma tarde: Misterios de un asesinato. Neil Gaiman y Craig Russell.

Pronto uno se da cuenta: esta chica se ha vuelto adicta a Gaiman. Pero el caso es que no había ningún otro libro en toda la casa que brillara como ese. Y los había. Pero no como ese.

Un hombre recuerda, diez años atrás, el tiempo que pasó en america antes de volver a Inglaterra. La noche que pasó con una amiga, cómo un viejo se le sentó a su vera en la noche para cambiarle una historia por un par de cigarrillos.

En su historia, el viejo cuenta que hace mucho tiempo él fue un angel creado por el Señor para ejecutar su venganza cuando se comete el primer asesinato del mundo. Cómo el angel vengador Ragüel ha de averiguar el porqué de la muerte de un angel. Y de lo que vendrá de ese asesinato.

Gaiman narra en unas pocas páginas delicadamente ilustradas por Russell la creación de las emociones primigenias, el nacimiento del deseo, de la envidia, del arrepentimiento, del orgullo y la soberbia del entonces capitan de la hueste, Lucifer, de lo justo y lo injusto. Del amor y de la muerte.
No podía dormir.
Luego simplemente soñaba despierta.
Luego creo que soñando me dormí.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Tezuka experimental

Porque no solo de ShinChan vive el hombre y no quisiera yo parecer una advenediza, hace miles de años, en una galaxia muy muy lejana, un doctor en medicina abandonaba con su vocación y se erigía como el padre de la animación japonesa moderna. Osamu Tezuka, más allá de Astroboy, Black Jack y Metrópolis -largometraje este último que recomiendo, por cierto-.

Os dejo dos caramelos experimentales -cortitos-:

Mermaid, Tezuka, (1964).



Push, Tezuka, (1987).





Si os llama la curiosidad y tenéis unos minutos, nada mejor que perderlos con otros cortos experimentales como Male (1962), Cuadros de una exposición (1966), Historia de una calle (1962), una delicia instrumental de 40 minutos, o Jumping (1984), un corto que tenía guardado en la memoria no recuerdo desde cuando.

Otro día, otro autor.