lunes, 17 de agosto de 2009

Lo Gaga, el Gato y las escaleras de la Fnac


Ale. Ya.

Me he desollado la tarjeta de crédito en cómics, los ojos intentando adivinar y las rodillas porque una es así de atonal.

Y es que cualquier persona normal entiende que abajo es abajo y arriba es al contrario, que lo que sube no puede bajar, o si lo hace no lo hace a la vez ni por ciencia infusa y que, de todas formas, no es tan buena idea llevar bajo el brazo diez kilos en página satinada y lomo duro cuando lo primero se plantea como duda existencial.
En estas lagunas ontológicas estaba yo cuando se me figuró -ipso-facto y a tropel- que podría llegar a la cima de una escalera tautología mecánica que descendía, tomos en mano y Verónika al teléfono, sólo porque de pronto mi mente se expandió rauda al ver a mi amado burlado que, en dirección contraria, se dirigía a mi encuentro encontrándose, válgame el cielo!, con su irrisible burladora lanzando libros por los aires, desparramada por las escaleras mecánicas de la Fnac de Callao.

Así tengo las rodillas hoy; que el amor propio me lo dejé allí, como aquel chiste del toro.


Lo de los ojos es por lo de Lady Gaga, ahora que la muchacha ha dejado de jugar al Poker para darle a la brisca, que dicen que es la Sota de Bastos, la reina. Y yo con estos pelos y mi traje de burbujas a medio zurzir... Diga usted que si, que se lo pasará así de bien. Como arma arrojadiza es la mejor, no le quepa a nadie duda, y si quepa duda, mejor dura, oigan.


Y es que unos días en Madrid dan para mucho, para todo lo que tire la master card y el carné de periodista... ah, no, que no llegué a sacármelo... y el de estudiante nunca me ha servido y el de biblioteca que creo que lo perdí en un botelleo...

Total, peregrinación por C/San Bernardo en busca de todas las tiendas de cómics, tebeos, mangas, animes y demás desvaríos frikiológicos a fin de abotargar el sentido común. El resultado viene dado por los varios cienes de euros gastados en este noble arte: Moebius, Gailman, Los Invisibles, los primeros números de City Hunter, Kimagure Orange Road y otros clásicos... Y la más pequeña, dulce y divertida sorpresa para el final: un tesoro animado.

El dulce hogar de Chi.





Cogido por casualidad y sólo pensando que sería una serie parecida a Sin-Chan o Ebichu, de corte sencillo y ligeramente soez, picantoide o irónico, y voy y me llevo la sorpesa de que es completamente inocente, divertido y brillante. Completamente recomendable por esta humilde servidora. Acabo de bajarme el primer episodio de la serie animada. Espero que sea igual de divertido.

Por lo pronto, me voy a casa, que ya vivo a 30 kilómetros de aquí y me esperan para cenar.
Nota mental: comprar Linimento Sloan -"a.k.a El tio del Bigote"-para las rodillas, que no doblan hacia el lado que venían haciéndolo hasta ahora.

3 comentarios:

Jailai!